El mundo de las disqueras
Por: Jorge Alberto Sánchez Mendoza
Nuestras ideas y pensamientos, a veces, si no están firmes o bien fundamentadas, (muy común en nuestra juventud) tienden a verse influidas fácilmente por agentes externos a la menor provocación. Como un barquito de papel en un arrollo turbio, el azar es su brújula que lo conduce a un destino incierto
Esto va muy bien, si lo vemos desde el punto de vista de la música o más bien de la industria de la música. Sobre todo cuando se trata de un producto subjetivo que se maneja como una mercancía cualquiera. Y como mercancía cualquiera se ofrece al consumidor con toda una serie de astutos trucos de ventas.
Voy a hablar sólo de algunos de ellos
Las disqueras, cuando van a lanzar un disco nuevo al mercado, reciben pedidos de tiendas de discos, supermercados, etc, etc .Y sin tener el disco físico en sus manos para entregar, les adjudican la etiqueta de “vendidos” .Pasando a formar parte de los números que confirman el “éxito” de un artista .(si vendes muchos discos ,eres bueno, la mayoría te ampara)
Así, el producto ,sin llegar a su último destino, el oyente, ya es catalogado en el cuaderno de ventas confirmadas. Si estos no se adquieren por el consumidor final, se regresan a las bodegas de las disqueras pero los números no cambian.
Entonces, cuando vemos discos en anaqueles para su venta al público, solo vemos artículos prestados, pero no adquiridos por el intermediario, dejándole a la venta individual la responsabilidad de que en su conjunto produzca la ganancia ultima a las casas disqueras.
Un préstamo a un intermediario de, digamos 100 unidades (discos de música) la disquera lo manejará como 100 discos vendidos.
A la par de esta treta publicitaria , su hermana gemela es la siguiente:
Las ventas infladas.
Es la simple exageración en los números. Si se venden (termino aplicado con mucho cuidado) 200 unidades, las disqueras emiten comunicados con ventas de 500 unidades. Si se venden 1000 unidades, dan cifras de 4000 unidades. Esto es un secreto a voces, si tú estas en el negocio de la música o en sus alrededores.
Otro engaño colectivo son los éxitos anticipados.
Son aquellos donde a un track, previamente elegido para ser el estandarte de pelea del artista que sea, dejando de lado el adjetivo de “sencillo” (single, en ingles) se le llama “éxito” y así se le maneja en los medios de comunicación. Es muy común en los interpretes solistas de nuestro país, que recurran a este artificio. Quien no ha oído en un comercial de “n” disco o “famosillo”, la tan gastada frase –contiene el éxito tal y tal ¡ cómpralo ya! –, cuando en realidad el producto apenas acaba de salir al mercado.
Por último (último tema tratado aquí, pero no última treta, hay muchas más) se encuentra la famosa “payola”.
Que es el pago de las disqueras a las estaciones de radio, para que incluyan en su programación regular, una o varias canciones de algún artista de su catalogo, cuando recién lanza un nuevo disco Y es la más vieja forma de promoción y la más contundente.
Resumiendo:
Es normal que en algunos momentos tengamos que asomarnos al mundo exterior para oír diversas opiniones y ampliar nuestras perspectivas. Pero llegado el momento, solo debemos oír nuestra voz interna para saber cuales son nuestros gustos. Confiar más en lo que te diga tu voz y no en el ruido y la cacofonía de el mundo de allá afuera, que nos orilla a pensar que es una obligación hacer lo que la mayoría, cuando debería ser solo una alternativa más.
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